El alma que no quiso descansar en el cementerio

Aunque ni siquiera como última morada deseemos, hay que admitir que la mayoría de los cementerios tienen buenas vistas.

¿Quien escoge su ubicación? ¿Quizá  la comunidad; el primer ser humano que se asentó en el lugar y determino, así como donde iría su casa, también donde reposarían su  huesos y que estos hubieran de estar alejados de donde se mueve la vida, pero sin perderla de vista; o a un lado del camino para saludarla en su ir y venir? Una elección casi siempre de autentico buen gusto. Hoy quizá los criterios empleados serian distintos y se limitarían a estudios técnicos de higiene y nada lógicos en los asuntos sentimentales.

En ciudades medianas y villas (las grandes urbes acaban devorándolos en rincones de melancolía) gustan de lugares elevados desde donde seguir al acecho del pulso diario y con vistas a horizontes donde descansar la mirada.

En los pequeños pueblos te saludan al borde del camino, al entrar o al salir, son como pequeñas islas de reflexión donde terminan los paseos y desde allí se alcanza a ver los campos de labranza y pastoreo donde medra el fruto de los vivos.

En los puertos de mar son hermanos de los faros, vigilantes del horizonte y saltan desde acantilados a lomos de gaviotas.

En las zonas de montaña, ocupan el lugar mas elevado y compiten con las águilas en su vuelo.

A veces también reposan en lo profundo de un valle, al lado de un río para tener siempre una vía de escape, un fluir sin límites en las aguas cristalinas.

Siempre, en todos los lugares, a su lado una ermita, una pequeña iglesia, que de sombra y asiento al caminante. A mi, me gusta sentarme al abrigo de estas ermitas y no me incomodan nada las almas del cementerio, incluso parece que se sientan tranquilamente conmigo y me arropan de paz y me regalan esa ausencia de tiempo que ellos atesoran.

En Villanueva, cerca de Proaza, hay una de estas pequeñas iglesias, al abrigo de montañas, en un valle soleado que empapa sus orillas en un río de aguas apresuradas y de nieves derretidas. El sol acaricia temprano la mañana despertándola de heladas y brumosas noches y la luz canta en miles de sonidos, a lo lejos, al compás del inseparable tolón-tolón de las esquilas del ganado que pasta en los verdes prados escarchados de rocío. Allí, el tiempo se detiene en cada trino de un pájaro, en el graznido de un cuervo, en el grito agudo del aguilucho rasgando el cielo y se prolonga infinitamente en mil ecos, en cada roca, en cada arista de las montañas. Los nichos del cementerio sestean al aroma acido y húmedo de la tierra fértil.

Por la parte trasera del cementerio una senda se asoma al río y descansa en una playita de arenas enlodadas; en el tronco de uno de los árboles que flanquean el acceso, he visto clavadas unas flores de plástico, rosas de vivos ribetes violáceos, en memoria (como esos pequeños santuarios al borde de las carreteras que recuerdan una tragedia) de un muerto que no quiso quedarse en el cementerio a descansar sus días en las mañanas soleadas. (Así quiero verlo yo, o imaginármelo al menos) Paso por allí, quizá saludo a aquellos que en su día no pudo, pero no quiso quedarse. Refresco sus pies de ceniza en el rió y se fue aguas abajo saltando sobre cascadas de espuma hacia mares encabrillados y el arco iris reflejado en cada gota que el viento lanza salpicando las arenas, pulidas a los rodados cantos del camino donde tropezaron tantas vidas. Quizá vuelva de nuevo entre la lluvia a regar los campos agostados en las tardes de verano para continuar una y otra vez su viaje interminable por los ríos de la tierra

Hunde sus muros el cementerio de Niembro (Llanes -Asturias) en las arenas  de las marismas

Las almas se bañan  al ascender las mareas ; huelen  a profundidades y algas  y cabalgan  sobre lomos de gaviotas hacia cielos de luz y mares infinitos

El ángel blanco de Limona corona el cementerio de Comillas (Cantabria); oteando horizontes de mar y montaña vela, desenvainada su espada flamígera, el descanso de las almas

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2 pensamientos en “El alma que no quiso descansar en el cementerio

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