final de jornada

Cae la tarde fundiéndose perezosa en las cortas noches del mes de junio. Sentado en la terraza de un bar, en la pequeña plaza de un pueblo tranquilo observo las luces ascendiendo por las sombras de las colinas y las ventanas que se encienden colgadas del paisaje. A mis oídos llegan voces amortiguadas de las mesas de al lado, pero a mi izquierda un grupo mas nutrido y ruidoso capta mi atención. Esta próxima la época de siega por eso el tema principal va de segadoras. Hablan de la Alfa, de la Rapid, de la 101, esta última es lenta y pesada, la primera más manejable. Van llegando nuevas gentes, se saludan a voces, otros se van porque mañana madrugan. Llegan un grupo de cuatro mocetonas que despierta el revuelo de los mozos. Ni una brisa mueve las hojas, solo la caricia fresca que se desprende de las aguas del río y que se alarga por los valles, mientras la noche va extendiendo su manto oscuro y todavía frío poniendo fin a la jornada. Una lozana tabernera va recogiendo sillas y mesas con eficacia y diligencia y entre chanzas y sonrisas logra la ayuda de un cliente, un macho fornido, lelo y en perpetuo celo, mientras sus compañeros, más cortos, le miran el culo y babean. En el bar de al lado un ruido metálico de persiana pone el cartel de cierre.

Hoy he estado en Babia (Piedrafita de Babia, León) y he subido y bajado por los montes de Somiedo: al Puerto, a San Lorenzo; he recorrido las gargantas de los ríos escoltado por paredes de roca; despacito amoldándome a las curvas del terreno y todo eso fluye ahora como si aún estuviera balanceándome a derecha e izquierda de la carretera, mientras aleatoriamente sonaba el Canon de Pachelbel, el mio bambino caro, por la Callas…Pero lo más contundente fue el Good Save de Queen de los Sex Pistols al coronar el puerto de San Lorenzo, toda una descarga de adrenalina. La música nos salva, siempre nos salva. Y no Cadena 100, los principales o similares. ¡La buena música! Y para eso hay que tener cultura y la cultura exige entrenamiento, esfuerzo ¡Y que poco nos esforzamos!

Es un momento eterno, no me apetece nada levantarme.

Al entrar en la autopista una luna enorme, amarilla-anaranjada, se asoma o se esconde entre espesos cirrocúmulos, como pedruscos de carbón, dándoles un aura de brasa incandescente. Por mirar para ella tomo la salida equivocada y vuelvo de nuevo hacia atrás. Menos mal que suenan los Credence y los Kinks y los Clash en mi dispositivo de almacenamiento de 40.000 canciones (solo voy 1551)

Palabras sueltas

Las cuatro de la mañana.

Recorro la calle con mi perro; ya viejo, con incontinencia urinaria y un cuerpo gastado por los años que ya no encuentra acomodo en su mullida cama y en su afortunada vida de merecido cariño.

Una pareja, (ya no joven) de la mano, camina en la otra acera y sus palabras resuenan nítidas en el silencio de la noche.

-Estoy bebida -dice ella-

– Pero estas conmigo –dice el-

-Estoy bebida y soy una mierda. Soy una mierda porque estoy bebida y no tenia que estar bebida.

-Pero estas conmigo –insiste el, también bebido, tropezando en las palabras-

Quizá sea este un amor culpable, un amor no del todo convencido, un amor que solo se destapa en sombrías madrugadas empapado de alcohol para ahogar remordimientos que al día siguiente no dejaran recuerdo; tan solo un malestar horrible en la cabeza y la realidad de un cuerpo descompuesto al que cada vez le cuesta más recuperarse

El patio

En esos patios de luces, a los que da casi siempre una de nuestras ventanas, sucios, llenos de colillas, bolsas de plástico, trapos; donde ascienden olores a frituras, cocidos rancios, toses cavernosas, flatulencias, discusiones obscenas, violentas palabras, amenazas, lamentos al teléfono… Yo  me asomo cada noche a  fumar a escondidas de los habitantes de mi casa y escucho las miserias agazapadas en las sombras.

Ayer una voz de mujer, joven, dulce,  atiplada en un susurro suave, bien entonado, rellenaba los huecos arrullando a la noche. Y luego la noche se quedo en silencio, serenamente dormida.