A veces…

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A veces llega la luvia

en medio de un resplandeciente verano

y fuera de tu casa y más allá de tu ciudad

el sol brilla en un eterno cielo azul.

A veces te despiertas en el recuerdo del ayer

y la niebla lo cubre todo,

la mañana se desangra en finas agujas de lluvia

aguijoneando la carne con lagrimas de frío.

A veces no comprendes porqué  todos los colores

no viven igual envueltos en un día gris

a pesar de su brillo más intenso,

a pesar de que ninguna luz pueda crearles ni la más ligera sombra.

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Melancolía en una lluviosa tarde de invierno frente al mar.

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Fantasía 1:

Seguí el cartel que me indicaba hacia la playa y llegué hasta aquella a la que una vez me llevaste en busca de “llampares”.

El agua fluía torrencial por los senderos y se descolgaba por los acantilados en un frenesí de alocada y efervescente espuma, lanzándose, con ansiada alegría, sobre la cresta de las olas.

Y me hubiera gustado que estuvieras allí. Recorrer la playa, entre los inestables guijarros, hundiéndose ruidosos a cada paso; salpicarnos de lluvia y viento y, ya hartos y ateridos, buscar un rincón al abrigo; recuperar el tino con una pócima caliente entre las ahuecadas manos y enseñarte a jugar al ajedrez, como tiempo atrás te prometí.

Y dejaríamos avanzar la madrugada envolviéndonos con su manto de silencio.

IMG_8128Fantasia 2:

Recorrer las calles vacías, en la temprana tarde, azotadas por lluvia y viento, atrincherada la vida tras las puertas y ventanas de calidos hogares, los estómagos saciados en el calor de la tasca. Asomarnos al mar donde las olas rompen y salpican los rostros encendidos, apoyar hombro con hombro en un solo caminar en busca del refugio de una habitación, con vistas al mar, donde esperar a que las sombras de la noche nos fundan en un todo; al arrullo de la lluvia sobre los tejados de chapa y el gotear incansable contra el pavimento de las aceras.

Fantasía 3:

También hubo un tiempo en que todo pudo ser vivido.

Con los Idus de Marzo

Se filtran los primeros rayos cálidos de marzo, entre los troncos desnudos, se reflejan en las cantarinas y frescas aguas de rendidas nieves, caldean los esponjosos suelos de musgos donde florecen tempranas las prímulas y las violetas, entre restos de hojas y nuevos brotes, se elevan los narcisos inclinando sus delicadas trompetas en una danza de suave brisa y destaca escondida la solitaria flor de la genciana , las liliáceas abren sus racimos entre espesas cascadas de brillantes hojas y ranúnculos amarillos centellean ofreciendo a los insectos el tesoro de su polen.

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Llega la primavera a las frondosas riberas de los ríos, a los umbríos senderos de los bosques y todo brilla fresco y renovado. Los Idus de marzo ya están aquí, han sobrevivido a otro invierno frío para rendir homenaje a la barbarie y la destrucción.