Indicadores periféricos externos

Estoy desolado. Hemos perdido el interés por nuestra prima de riesgo. Seguíamos su pulso diario, su temperatura, como si de un familiar se tratase, necesitado de toda la atención y preocupación por su delicado estado. Nos estamos alejando. Los partes médicos cada vez son más escuetos, ahora tan solo nos referimos al paciente en base a sus INDICADORES PERIFÉRICOS EXTERNOS. Hoy, la prima ya nos cae gorda, nos aburre.

Mientras tanto el presidente de nuestra conferencia episcopal se encomienda a la inspiración del Espíritu Santo para que nos guíe en la elección de un nuevo Papa, no nos aconseja indagar en la palabra de dios o en la ética de sus mandamientos, que, desprovistos de la fe ciega y colocados en la balanza de una justicia sin venda, podrían figurar en cualquier declaración universal de derechos humanos.

Nos queda al menos ese espejo publico de las televisiones donde un tal Vázquez se mantiene firme denunciando, con su delicada sensibilidad, las injustas envidias hacia unos personajes maltratados por una sociedad que los arrincona, desprecia y calumnia; o ese emblema del frescor juvenil y espontáneo; ese faro que alumbra desde Gandia Shore y sus homólogos internacionales de unos jóvenes comprometidos con su tiempo, un tiempo de tocarse los genitales y lucir, como monos ornados de seda, en un entorno sembrado y mancillado por sus propias excrecencias.

Vendrá algún listillo militante de círculos populares y nos dirá que eso es consecuencia del continuo recorte en cultura y educación. Y es que cuando a esta sociedad de nuevos ricos se le proporciono el acceso a la cultura, solo la utilizo para acrecentar su ignorancia esculpiéndola   en letras de oro para habitar en palacios deslumbrantes sin el correspondiente saneamiento interno de sus estructuras y sin unos pilares sólidos en los que fundamentarse.

Triste pueblo, el nuestro, muy triste, ignorante, vacuo y provinciano en el peor sentido de la palabra (perdón, soberanista y defensor de identidades culturales). Si bastante analfabetos somos, en el global de la cultura actual, solo nos faltaba alardear en los foros internacionales de alpargatas

final de jornada

Cae la tarde fundiéndose perezosa en las cortas noches del mes de junio. Sentado en la terraza de un bar, en la pequeña plaza de un pueblo tranquilo observo las luces ascendiendo por las sombras de las colinas y las ventanas que se encienden colgadas del paisaje. A mis oídos llegan voces amortiguadas de las mesas de al lado, pero a mi izquierda un grupo mas nutrido y ruidoso capta mi atención. Esta próxima la época de siega por eso el tema principal va de segadoras. Hablan de la Alfa, de la Rapid, de la 101, esta última es lenta y pesada, la primera más manejable. Van llegando nuevas gentes, se saludan a voces, otros se van porque mañana madrugan. Llegan un grupo de cuatro mocetonas que despierta el revuelo de los mozos. Ni una brisa mueve las hojas, solo la caricia fresca que se desprende de las aguas del río y que se alarga por los valles, mientras la noche va extendiendo su manto oscuro y todavía frío poniendo fin a la jornada. Una lozana tabernera va recogiendo sillas y mesas con eficacia y diligencia y entre chanzas y sonrisas logra la ayuda de un cliente, un macho fornido, lelo y en perpetuo celo, mientras sus compañeros, más cortos, le miran el culo y babean. En el bar de al lado un ruido metálico de persiana pone el cartel de cierre.

Hoy he estado en Babia (Piedrafita de Babia, León) y he subido y bajado por los montes de Somiedo: al Puerto, a San Lorenzo; he recorrido las gargantas de los ríos escoltado por paredes de roca; despacito amoldándome a las curvas del terreno y todo eso fluye ahora como si aún estuviera balanceándome a derecha e izquierda de la carretera, mientras aleatoriamente sonaba el Canon de Pachelbel, el mio bambino caro, por la Callas…Pero lo más contundente fue el Good Save de Queen de los Sex Pistols al coronar el puerto de San Lorenzo, toda una descarga de adrenalina. La música nos salva, siempre nos salva. Y no Cadena 100, los principales o similares. ¡La buena música! Y para eso hay que tener cultura y la cultura exige entrenamiento, esfuerzo ¡Y que poco nos esforzamos!

Es un momento eterno, no me apetece nada levantarme.

Al entrar en la autopista una luna enorme, amarilla-anaranjada, se asoma o se esconde entre espesos cirrocúmulos, como pedruscos de carbón, dándoles un aura de brasa incandescente. Por mirar para ella tomo la salida equivocada y vuelvo de nuevo hacia atrás. Menos mal que suenan los Credence y los Kinks y los Clash en mi dispositivo de almacenamiento de 40.000 canciones (solo voy 1551)