Enseñame…

Enséñame la luna dormitando

sobre oscuros lamentos de silencio,

enséñame estrellas descolgándose

en un escalofrío por tus labios

recorriendo en estertores

tu carne cercada de caricias,

el brillo de mis manos

iluminando caminos en tu cuerpo

y beber de tu mano ese rocío de angustias

que la luna deposita silenciosa

en noches de insomnio;

ascender por su caminito de plata

que riela su reflejo en las aguas densas

de un mar oscuro y profundo

-tenebroso abismo donde los cuerpos flotan

sobre un vacío ciego-

a la blanca, mágica, misteriosa luz

de tus sueños.

Rescátame en las sombras

de mudos edificios

que me observan desde esquinas

y alberga mis huesos ateridos

al calor de tu piel

dorada de mañanas soleadas.

Ven a los olvidados rincones

de mis carnes vencidas por los años

y regálame la paz de tu sonrisa.

Y solo entonces

déjame morirme en el sol que te acaricia.

2006

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¿Que decirle a la luna…

¿Qué decirle a la luna cuando se sube a los tejados

avivando el celo en maullidos de gatos,

colándose por las rendijas de la noche,

acariciando el cuerpo desnudo de un sueño que ya se ha ido?

Entra furtiva,

con sus brazos de luz plateada,

iluminado caminos entre sombras

hasta dar relieve a esos recuerdos

que han dejado un hueco a tu lado.

Como una vulgar ladrona te asalta,

te despierta de inquietos insomnios

profanando los limites de tu piel,

fría abandonada,

en esta realidad de silencio.

No puedes decirle nada.

Mirarla;

mirar esa luz pálida

que ilumina la habitación vacía

donde flotan fantasmas que ya ni reconoces,

todos esos objetos mudos

que no tienen quien los nombre.

Y, maldecirla porque ya no viene a cubrir

con sus caricias de seda

los sueños de los cuerpos agotados

y a bañar con escarcha

el esfuerzo de sus deseos apasionados.

 

                                                         Diciembre 2007

En un papel

Él escribió en un papel:

Aún te veo feliz, enamorada

con aquel irreverente sombrero de copa rojo.

Tu mano, en la noche fría, tu aliento

y el amor infinito brillando en el fondo de tus ojos.

Solo a mi pertenecías ¡Y me gusto tanto!

¡Quise tanto aquel instante!

¡Ame tanto el tenerte;

me pareció tan bonita la calle de tu mano;

sentí tanto gozo de ser amado;

vi la noche tan inmensa a tu lado…!

¿Quién de los dos tuvo la culpa?

¿Por qué ayudaste a estropearlo?

¿Quizá he de confesar que tuve celos?…

Sentí que te quería, te busque

y esta vez no supiste quedarte a mi lado.

Ella, al día siguiente encontró ese papel y en el reverso escribió:

Cuanto frío, cuanta desolación!!

Esta sensación de soledad aguda, ayer envuelta en llanto, hoy en lluvia.

Leo una y otra vez tus palabras…Te daré las gracias porque me reconfortan, me ponen otra tirita, pero…¡Qué pena  mi amor, que pena que no puedas amarme!

Haces lo que puedes derrochando ternura, pero tristemente ese amor mío, que yo siento infinito, no vale para los dos.

Gracias de todas formas por no dejar que mis caricias, que mis sentimientos (con los que quería arroparte cálidamente, con los que quería llevarte a ese sueño que tanto añoras) no se pierdan en el aire.

Eres a mi lado, la alegría, la vida.

¿Verdad que a veces resulto ridículamente patética?

He encontrado ese viejo papel, ajado y roto, en el fondo de un cajón donde anidan tantos sueños, tantas horas, tantas vidas, tantos secretos y verdades calladas, que es difícil que en alguna de ellas no encuentres un trozo de tu propia piel , un trozo de una vida como tantas parecida a la tuya. Vidas que se enmohecen, que se rompen sin saber como, pero que se rompen; sin que nadie tenga culpa (Neruda sabe de ello)*, como el jarrón que un día, sin que lo hayan tocado, cae al suelo y se hace añicos; un mal viento, un golpe térmico una vibración continuada a lo largo de los años, lo desplaza, lo quiebra…Nadie se dio cuenta.

En el mejor de los casos irán a parar los trozos rotos, cuidadosamente embalados, a una esquina del alma esperando restañar la herida

*ODA A LAS COSAS ROTAS

http://www.poesi.as/pn59117.htm


Aquellos que vieron…

Aquellos que vieron palidecer la luna

en un rapto de fugaces estrellas.

Aquellos que sintieron en el rostro marchito

la fresca espuma del canto de sirenas.

Aquellos que no supieron cultivar un cuerpo

florecido tras una caricia.

Aquellos que descubrieron la belleza

abandonada entre la desolación.

Aquellos que quisieron rozar el arte

solo con la punta de sus dedos

y no fueron elegidos

les queda el dolor,

la eterna herida desangrándose

en el ignorado silencio de una muerte que no avanza

2007

Han vertido los rios…

Ha pasado el tiempo

y vidas desgastadas

en el guiño de una estrella errante

brillando en el ciego vacío de la noche.

Han vertido los ríos

sus aguas a los valles

y florecido primaveras

de colores ya marchitos.

Pero sigue la vida

su curso intemporal

esperando, calladamente,

a que volvamos a sentir su caricia

sobre los desolados campos

cubiertos de cenizas.